Clasicismo y Anticlasicismo

17.06.2014 12:00
Dos corrientes contrapuestas básicas en ambientes y mobiliario; A caballo entre la expresividad y la mesura.

Por Sara Sastre Sánchez

El estudio de la historia del mueble es el resultado de una  fusión muy elaborada de conocimientos de historia, historia del arte, diseño y materiales. Ésta fusión implica una maraña de datos y fechas que, a menudo, origina complicaciones a la hora de establecer diferencias y características específicas para cada tipo de mueble.

Si a ello se une lo complicado del dominio de las nomenclaturas y de los materiales, nos encontramos con un duro y arduo trabajo que hacer a la hora de conocer muy profundamente el tema que nos ocupa.
Para simplificar la forma de estudio hay que hacer uso de una serie de factores muy básicos que permiten dar un orden y coherencia a tanta información y relacionar unos estilos con otros de forma más rápida y eficaz.  Dichos factores vienen determinados por el pensamiento de la época y su necesidad de contener o expresar sentimientos y pasiones.   El pensamiento que rige cada impulso creador, cada material utilizado, viene determinado por una forma de entender el mundo, por unos valores que se forjan a raíz de los miedos y logros de un momento determinado de la historia.

A grandes rasgos se pueden establecer dos máximas que han regido siempre el pensamiento artístico. Éstas son contrapuestas entre sí y se van alternando y sustituyendo la una a la otra a lo largo de los diferentes períodos.

La máxima que sustenta la corriente clasicista-academicista es propia de épocas de paz, de momentos en los que la contención del espíritu, la lógica y la razón invaden el pensamiento general. La naturaleza y la ciencia son objeto único de inspiración artística. Ello genera un  tipo de obra artística ideal, funcional y de líneas equilibradas y geométricas.

El mueble generado a raíz de esta forma de pensar es un modelo de equilibrio. Representa la idea de cómo debería ser lógicamente un modelo determinado. Sigue la razón, la funcionalidad, la forma se simplifica y carece de adornos superficiales.

En esta corriente las obras de arte, el mobiliario y la decoración siguen las premisas de la antigüedad clásica y romana en cuanto a estructura y ornamentación. Persigue la monumentalidad y la firmeza de la obra realizada de forma correcta, sin artificios ni expresiones particulares del artista que lo diseña. Esta corriente clasicista en mobiliario y decoración  origina muebles serenos, geométricos y equilibrados.

Es posible establecer, dentro de los distintos períodos de la historia del mueble, una serie de momentos concretos en los que se puede observar este clasicismo y academicismo en la factura y concepción del mobiliario.

Estos períodos son alternantes entre sí y surgen como reacción a un exceso de sentimentalismo o expresividad fruto de la exaltación de la fe. Conocerlos facilita la posible combinación de unos estilos con otros cuando se busca el mismo sentido estético, ello se debe a  que coinciden en el pensamiento que ha generado su creación.

De este modo los muebles que coinciden en concepto creador, en factura y en  ornamentación por seguir las premisas clasicistas o academicistas serían los que corresponden a las siguientes épocas y estilos; Período Egipcio, Griego y Romano, Renacentista, Neoclasicista,  Estilo imperio, Bauhaus, Movimiento Moderno(Funcionalismo Racionalista, Neoplasticismo, Organicismo), High Tech y Minimalismo.

El conocimiento profundo de estos datos facilita en su práctica la elección y combinación del mobiliario a la hora de decorar determinados espacios.

No hay que olvidar que, aun perteneciendo a la misma corriente de pensamiento, es más recomendable decorar espacios con muebles de épocas próximas unas a otras ya que, en ocasiones, la combinación de diferentes materiales (el contraste entre la madera y el plástico,  por ejemplo), puede resultar bastante estridente.

Por otro lado las estridencias son tendencia actualmente y mezclar estilos está a la vanguardia del diseño. Todo depende del interés del diseñador por crear un espacio armonioso o impactante a nivel visual.
Así podremos combinar un mueble de la Bauhaus (una silla de Marcel Breuer por ejemplo), con una mesa Gnomos de Norman Foster (High Tech). En la misma línea se podría elegir un mueble Georgiano (Neoclasicismo inglés) combinado con un mueble Bauhaus o uno del Renacimiento  francés combinado con uno estilo Biedermeier (Imperio Alemán).

Varias combinaciones son posibles para generar un espacio funcionalista, clasicista o academicista, siempre que se guarde la premisa de simplicidad, equilibrio, y carencia de ornamentos exagerados. Para ello el ambiente o el espacio debe acompañar a este mobiliario; Debe ser sereno, limpio en texturas, fácil de limpiar. Las líneas preferentemente rectas, geométricas, colores lisos y que aporten serenidad.  Así los muebles de esta línea o corriente clasicista-academicista tienen que ser inscritos preferentemente en espacios vacios, lisos o tremendamente relajados a nivel visual.

Los ambientes derivados de este estilo suelen ser fríos, poco acogedores. La manera de aportar algo de calidez es introducir tejidos, alfombras, cortinas o cojines. Éstos darán rienda suelta al confort y al mismo tiempo aportarán un toque de distinción ya que la sencillez de los muebles, en estos casos, puede resultar algo monótona o repetitiva.

Mención especial merece el Mobiliario Organicista: Se inscribe dentro del Movimiento Moderno y de la corriente clasicista ya que responde a las premisas de equilibrio, funcionalidad y sencillez.
Sin embargo se aprecia en su intencionalidad una importante influencia del modernismo del siglo XIX  ya que los muebles creados en este estilo pretenden, al igual que los del modernismo, imitar formas vegetales y animales de la naturaleza, con sus imperfecciones y defectos propios de la expresión libre y aleatoria de la creación natural. Es por ello que podríamos decir que su aspecto visual es diferente al de un mueble sencillo de la corriente clasicista o funcionalista. Su imagen es expresiva y particular, tendente a la corriente anticlasicista por su intención estética similar a imperfección de la naturaleza (insectos, huevos, escarabajos, delfines, plantas etc.).

   Su sencillez compositiva y la rareza que provoca su aspecto recordándonos a insectos o formas conocidas orgánicas crean un tipo de ambiente y mobiliario característico. Sabremos entonces que pueden ser utilizados junto a otros muebles clasicistas y asimismo también junto a determinados muebles anticlasicistas o expresivos. Existen una serie de creadores muy importantes como Jacobsen, Aarnio, Wegner, Eero Saarinen, Charles y Ray  Eames, Prouve, Panton etc. que crean las bases de este estilo y que  actualmente tienen las reproducciones de sus muebles en tiendas como la cadena Vitra, punto clave de reunión del mueble contemporáneo.

   El clasicismo siempre ha sido una premisa muy recurrente. Ha sido la que más ha prevalecido a lo largo de la historia del mueble ya que el ser humano siempre ha intentado que la perfección fuera su máxima en cualquiera de los ámbitos que desarrollara.

   Las instituciones, gobiernos y academias tomaron el clasicismo como modelo a seguir e imponer de tal manera que cualquier alteración resultaba una degeneración o extravagancia a la “manera correcta” de hacer las cosas. Es por ello que numerosos artistas y ebanistas fueron considerados desertores del buen gusto o alteradores de las líneas tradicionales.

   Son precisamente estas excepciones a la norma (El Estilo Rococó, diseñadores como Chippendale, Michael Thonet, Gaudí, los ebanistas escandinavos (Aarnio, Eero Saarinen, Jacobsen, Wegner , etc.) las que hacen que evolucione y se desarrolle la Historia del Mueble.