Entrevista a Carlos Rubio Orea, Director de IMADDE.

24.05.2014 11:06

Desde el primer momento decidimos no mantener la distancia entre profesor y alumno.

Por Laura Gómez Lama 

 

Según el director de IMADDE, Carlos Rubio Orea, lo que el centro ofrece, y marca la diferencia, es que sus cursos están “adaptados a la realidad de la profesión, dando otra vuelta de tuerca a la popularización del diseño de interiores y abriendo el abanico, no sólo a los iniciados, sino a cualquier persona”.

En el aula donde da clase y suele hablar de sus diseños con los clientes de Ceroespacio, el director de IMADDE, Carlos Rubio, está en su salsa. Y no es de extrañar teniendo en cuenta que el estudio donde nos encontramos tiene su firma y es un escaparate de lo que significa para él IMADDE Escuela de Diseño: “la oportunidad de poder hacer lo que creo que debo hacer”, dice sin dudar ni un segundo, frase caída a plomo sobre la mesa en la cual, horas después, doce alumnos se sentarán a tomar apuntes.

Esta oportunidad que Carlos Rubio se ha dado y que estaba en su cabeza desde hacía 3 años ha visto la luz gracias a que, mientras intentaba que le cedieran un espacio municipal para impartir cursos gratuitos a desempleados, viendo que la idea no iba a prosperar, se dijo en voz alta: “esto tiene que salir aunque me cueste la salud, expresión de la que me arrepiento cada vez que veo que está a punto de costarme precisamente eso” –comenta riendo.

Además de ese tesón, ¿qué es lo que ha hecho posible IMADDE?

Una serie de circunstancias que hacen que, por unas cosas buenas y otras malas, acabes tomando decisiones sin que aparentemente intervengas mucho en ellas. Por un lado, dejé la empresa por desavenencias con mis socios anteriores justo cuando empezaba a florecer Ceroespacio y a disponer de más tiempo para hacer proyectos propios. Por otro, a través de unas clientas para las que diseñaba una nueva oficina, me enteré de que este espacio quedaba libre. Y, por último, se incorporó una pieza clave: mi mujer, Mª Ángeles, que en ese momento buscaba trabajo y como yo tenía de sobra… Así EstudioCeroEspacio, donde sólo Ana era socio activo, crece, pasando a trabajar los tres socios en la empresa. Todo ello unido a las ganas que teníamos de hacer un proyecto de formación propio nos llevó a IMADDE.

Imadde y EstudioCeroEspacio han ido de la mano. Pero, ¿en qué punto del camino se convierten en sendas paralelas?

Más bien es un camino trenzado. EstudioCeroEspacio es la madre de todo y hay que tener en cuenta que fuimos profesores antes que diseñadores, lo que nos hizo ver que una parte del claustro en las escuelas de las que veníamos eran antiguas glorias que llevaban mucho tiempo sin diseñar. Por lo que nos planteamos un proyecto de formación ligado a la realidad y, para nosotros, la realidad es nuestro estudio. Ese es nuestro valor añadido y lo que nos diferencia de los demás, porque llevar al alumno a visitar una obra o a medir un local es algo que no se da en las otras escuelas donde, por norma, los profesores mantienen una distancia con los alumnos. Nosotros decidimos desde el principio no mantenerla. Por eso es un camino trenzado, porque IMADDE sin Ceroespacio no tendría sentido y porque una de las cosas que enriquece a nuestro estudio es tener cada día mentes frescas aportando ideas.

¿Qué ha ganado IMADDE respecto a los cursos que impartía EstudioCeroEspacio?

Eran cursos especializados para profesionales de diferentes sectores que pretendían llevar más allá su negocio. En EstudioCeroEspacio empezamos por subdividir los trabajos del diseñador para que el cliente pudiera contratarlos individualmente y quitar el aura elitista a la profesión, lo que implicaba también una bajada de precios. Con IMADDE, además, hemos dado otra vuelta de tuerca a la popularización del diseño, abriendo el abanico, no sólo a los iniciados sino a cualquier persona.

¿Cuál es el perfil de los alumnos?

Por suerte es exactamente el que pretendemos tener. Hemos acertado en la manera de comunicarnos y acuden a nosotros profesionales de todas las ramas que se dan cuenta de que tienen otra vocación. Tienen de veintitantos en adelante y no disponen de mucho tiempo para estar preparados para trabajar como interioristas. En un principio, respondieron titulados superiores, aunque ahora tenemos alumnos con el mismo perfil pero sin estudios universitarios que pretenden usar nuestra formación como la principal para su trabajo. Curiosamente hay muchas personas relacionadas con el mundo de la construcción que dan precisamente al perfil al que queríamos ayudar años atrás.

¿Todos pasan por una larga entrevista previa?

Sí, porque, a pesar de estar empezando, somos selectivos con nuestros alumnos, por lo que todos pasan por una entrevista en profundidad conmigo. El objetivo es, por una parte, informar muy bien de lo que les vamos a ofrecer, ya que, para nosotros, es muy importante que los alumnos obtengan de nuestras clases lo que esperaban y no se sientan decepcionados. Por otra parte, pretendemos detectar si es el tipo de alumno que nuestra escuela está buscando.

¿Habéis rechazado candidatos?

Sí. Algunos acuden a nosotros con una idea equivocada de lo que es la profesión y lo que buscan realmente es que les den unas nociones de decoración o aprender infografía. En esos casos les invito a ir a la escuela adecuada, incluso les digo cuál. Nosotros somos una escuela de interiorismo y nos llaman para resolver problemas espaciales, de distribución, de materiales… Nosotros no solo decoramos, creamos un espacio nuevo con todas las consecuencias, por lo que hay que conocer normativas, cómo se trabaja en equipo…

Tus alumnos destacan el trato personalizado que reciben y una muestra de ello son las entrevistas que se publican en el blog según van finalizando sus proyectos. ¿Cuál es la finalidad?

Precisamente hacerles ver que para nosotros cada uno de ellos es importante. Queremos que durante una semana sean los protagonistas de nuestro blog, de la web y Facebook, y darles también la oportunidad de mostrar su trabajo ofreciéndoles un escaparate para que empiecen con buen pie, ya que, de otra manera, tendrían que hacer un esfuerzo mayor para darse a conocer.

¿Piensas seguir ofreciendo ese escaparate a cada alumno cuando, pasado el tiempo, tengáis muchos alumnos?

En todo caso esperamos tener muchos ex alumnos, porque tenemos por norma dar clase a un grupo reducido. Nos gusta saber sus nombres, qué refuerzo necesita cada uno y preguntarles cómo se sienten, porque nos interesa de verdad. En cierto modo, pasan a formar parte de nuestra familia y, cuando se van de casa, los echo en falta y estoy deseando que vengan a una clase extra, a una visita o a las presentaciones de los proveedores. Nosotros los apadrinamos y les proporcionamos un asesoramiento más allá de su formación, por lo que se convierten en ahijados más que ex alumnos y, aunque pasen a ser nuestra competencia como interioristas, sus triunfos son mi orgullo.

Precisamente, en la última entrevista publicada, Frenando Gómez decía que era como recibir ‘clases particulares’, ¿crees que será posible no sucumbir a la ambición y crecer sin perder la esencia?

Por supuesto, porque nuestras aspiraciones van más allá del beneficio económico, que es algo necesario pero no imprescindible. Somos ambiciosos, pero no en ese sentido, que es bastante pobre, sino en no poner tope a lo que nos gustaría añadir a lo que ya ofrecemos a nuestros alumnos o en poder disponer de una actividad que nos llene y nos deje tiempo para nosotros mismos.

Esa afirmación implica mucha confianza en tu equipo. Háblanos de él.

Para empezar, los tres socios iniciales, y recientemente también el cuarto, somos familia. El resto son profesionales a los que conozco bien y en los que confío plenamente, porque no basta con tener un buen currículum para dar clase aquí. Ninguno de ellos es sólo profesor. Todos son colaboradores con los que trabajo desde hace muchos años, por lo que la confianza es previa y mutua, ya que han sido muy voluntariosos y generosos a la hora de participar en este proyecto, implicándose sin ninguna certeza de que fuera a salir bien.

¿Hay algo que te gustaría destacar de tu trayectoria y que no pueda leerse en tu cv?

Bueno, yo nunca imaginé que fuera a dedicarme a esto y hay dos momentos que fueron clave en este sentido: uno, después de dejar Ciencias Económicas, cuando visité la Escuela de Artes Decorativas de Madrid y me enamoré al ver los trabajos de los alumnos en los pasillos, y otro, en cuarto curso, cuando me propusieron impartir clases y me enamoré por segunda vez. Recuerdo que las horas de clase eran como ir a un spa, disfrutaba de cada una. Además, hay una anécdota en mi trayectoria profesional que me ha marcado mucho y es que, hace unos años, diseñé una tiendecita en Guadarrama para una clienta y lo hice tan bien que me casé con ella –concluye riendo.

Además de dirigir los cursos y dar clases en IMADDE, llevas la gerencia de EstudioCeroEspacio y de sus proyectos de interiorismo, ¿cómo te organizas?

¡No lo hago! La realidad es que no doy abasto. Como creativo, soy caótico, pero tengo la suerte de contar a mi alrededor con gente con una personalidad mucho más ordenada que la mía. Ana y Mª Ángeles trabajan de una manera muy organizada y responsable que hace que todo funcione, aunque, según ellas, yo tengo que estar aquí para hacer locuras.

Nada más abrir la web de IMADDE hay una frase. ¿Recuerdas cuál es?

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”, de Confucio, ¿no? La elegí porque es algo en lo que la mayoría de la gente no cree, pero es verdad. Es mi realidad y con ella intento abrirles los ojos.

Carlos Rubio Orea, un interiorista ‘apassionado’

Con dos eses acentúa Carlos lo que siente por su trabajo. Empezó con vocación de músico y, gracias a ello, se pagó la carrera de Arquitectura de Interiores en la Escuela de Artes Decorativas de Madrid. Allí se formó en su nueva pasión y descubrió que ser ‘profe’ le cargaba las pilas.

 

· Viada Arquitectura de Interiores (1999-01). En 3º de carrera y tras obtener el mejor expediente académico en 2º, decidió que  estaba preparado para fundar su primer estudio con otros dos compañeros. En los años en que la empresa estaba en marcha, Carlos acabó la carrera en la EADM, continuando allí como profesor (1998-13) y trabajando como director de proyectos para CSG Camposangil (1999-02).

 

· Arquizano (2002-08). Tras cerrar Viada, creó su segundo estudio, responsable de grandes proyectos con ejecución completa. Con él ganó un premio a la innovación en el desarrollo de nuevos conceptos estéticos y comerciales por su diseño en Pescaderías Coruñesas. A su vez, era consultor en MundoFranquicia (2002-10) y porteriormente, retail designer en Sedema Diseño + Mobiliario (2009-2013).

 

· EstudioCeroEspacio (2012). Hace dos años funda su tercer y actual estudio junto con Mª Ángeles Martínez y Ana Hernández Martínez, en el que se vuelca actualmente con la creación, hace un año, de una oferta formativa propia y cercana a la realidad a través de IMADDE.