El "Efecto Mariposa" o el devenir inimaginable. Carlos Rubio Orea.

  1. Cómo cambió el rumbo de mi vida al pulsar el timbre de mi vecino.

Ding-Dong.

  • ¿Quién es?

  • ¡Hola! ¿Eres Juan?

  • Si! ¿Quién eres?

  • Soy Carlos, tu vecino.

  • ¿Carlos?

  • Si, el hijo de Vicki y de Antonio, los del número 28.

  • ¡Ah, si! ¿Que tal?

  • Muy bien. He venido a preguntarte por la Escuela.

  • Pero..¿Te mandan de allí?

  • Nooo!! Mis padres me han dicho que trabajas allí y quería que me explicaras en que consiste la carrera. No se nada de decoración. Es que estoy buscando algo creativo que hacer, y he pensado que a lo mejor me podías echar una mano.

  • Claro! Pasa y te cuento.

Juan Ramón Cebrián me explicó entonces en que consistía el plan de estudios. A los pocos días me presenté en la Escuela y visité los pasillos y las aulas, plagados de láminas de dibujo bellísimas, perspectivas a color de espacios inimaginables, planos técnicos y detalles constructivos. No me lo pensé dos veces y me matriculé ese mismo día, en Arquitectura de Interiores.

 

Extraño devenir para el que, poco antes, iba por el mal camino de las ciencias económicas y derrochaba su tiempo aprendiendo a jugar al mus en la cafetería de la universidad Carlos III de Getafe. Más extraño aún si pensamos que apenas 12 meses antes hubiese dado un brazo por estudiar empresariales, con la idea de montar después una empresa de espectáculos musicales y varietés que debía llamarse Musicop Corporation. De la música pasé a la arquitectura como el rayo, y encontré en el diseño la que, veinte años después, sigue siendo mi pasión.

2. Cómo la evolución de un alumno lo convirtió en mi jefe.

Cuatro años y pico después de aquel Ding-Dong, había terminado mis estudios y la Escuela decidió, por sugerencia de Juan Ramón Cebrián, contratarme como profesor de infografía 2D. Así empecé mi labor como docente que aún dura, casi 20 años después. En el primer grupo de alumnos, en el turno de tarde, había un personaje bajito e hiperactivo con cara de malo. Se llamaba Daniel Sastre, era el mejor alumno del grupo, y de los mejores que he tenido hasta hoy. Por ende, era sobrino de Laureano Sastre, mi querido maestro y profesor de diseño.

 

Pasaron tres años más, Daniel acabó la carrera, y decidí ficharlo como diseñador a mi cargo en una empresa de reformas en la que, por aquél entonces, era Director de Proyectos. Apenas dos años después la empresa quebró, dejándonos a todos, Dani incluido, en al calle con lo puesto.

Fue entonces cuando el que había sido primero alumno y después empleado, se convirtió en mi socio, pues fundamos R&S – Rubio & Sastre (hoy conocida por su nombre comercial, Arquizano).

 

Arquizano creció y creció hasta diciembre de 2006. Luego la crisis fue haciendo mella en nuestras cuentas y en nuestro ánimo, y en diciembre de 2007 decidimos que la R y la S se separaran por el bien de ambos.

 

Dos meses después de nuestra separación, Dani me ofreció contratarme por un par de meses como diseñador y asesor externo para el proyecto de diseño de las oficinas de Transportes Boyacá. Por supuesto acepté, y me convertí así en su empleado. Hoy, como todo el mundo sabe, es profesor en Imadde.

 

Poco le queda a Dani para completar el ciclo inverso por el que evoluciona. Estoy convencido que no faltando mucho, me dará clases.

3. Cómo una llamada desafortunada nos permitió ganar un premio de diseño.

Buscábamos un ingeniero que nos ayudase con las licencias de nuestros clientes. Llamamos a la puerta de una ingeniería grande de Torrelodones y prácticamente se rieron de nosotros. Nuestros clientes eran demasiado pequeños para ellos. No quisieron ni recibirnos.

 

Nos proporcionaron sin embargo el teléfono de un ingeniero independiente – Fernando Galán – que si podía estar interesado en colaborar.

 

Fernando resultó ser un tío excepcional, un crack en lo suyo. Nos presentó a uno de sus clientes, que nos encargó el diseño de una bodeguita de 6 metros cuadrados para un pisazo en el barrio de Salamanca. El proyecto se ejecutó, y gustó tanto que pocos meses después se puso en contacto con nosotros un amigo personal del propietario. Era el gerente de Pescaderías Coruñesas, que tras visitar la bodeguita de su amigo, decidió contratarnos para el diseño de su tienda, la pescadería más prestigiosa de Madrid.

 

Trabajamos durante más de un año en el proyecto de la pescadería, y continuamos por las dos plantas de oficinas que se encontraban sobre ella.

 

En 2007 se reconoció nuestro trabajo, al otorgar la Comunidad de Madrid el premio Madrid Comercial Innova 2007 a Pescaderías Coruñesas, por el mejor diseño y ejecución de un espacio comercial.

 

Y es que a veces a un primer NO, siguen muchos SÍES.