Entrevistamos a Fernando Gómez Framiñán, alumno de Imadde y Arquitecto Técnico

Hacía vistas en 3D de viviendas que me inventaba siendo muy pequeño y sin tener ni idea de arquitectura

Por Laura Gómez Lama 

 

Continuando con la serie de entrevistas a la primera promoción del Máster Global de Interiorismo de IMADDE, hoy le toca el turno a Fernando Gómez Framiñán, un arquitecto técnico de 25 años que se prepara para encontrar soluciones a diferentes espacios habitables y comerciales sin perder de vista el buen gusto y el sentido común. 

Su primer diseño ya está listo para publicarse. En él Fernando ha adaptado un garaje para convertirlo en vivienda basándose en las necesidades de una familia con gustos concretos y diferentes entre sí, acercándose bastante a lo que se enfrentan los interioristas cada vez que abordan un proyecto.

Pero, ¿qué es lo que has aportado tú que no entraba en las acotaciones en cuanto a prestaciones, estilo, iluminación…?

En mi opinión es imposible ceñirse al cien por cien a las directrices que te marcan los clientes. En principio, no he añadido nada en concreto que no estuviese previamente acotado, aunque sí he proporcionado una visión global personal a la hora de encararlo. Al fin y al cabo, pienso que cuando te encargan un proyecto no todo se reduce a lo que te piden, sino que debes basarte en unas directrices previas, para realizar un proyecto armónico que encaje en su forma de vivir.

¿Y el diseño del mobiliario? Según tu trabajo parece que el Máster te ha descubierto un nuevo interés…

Sí. La verdad es que los muebles que diseñé para la vivienda no son nada que destaque especialmente, pero cuando tienes algo en la cabeza que no está creado, ¿qué mejor que hacerlo tú mismo? Sobre todo teniendo en cuenta la facilidad de usar la herramienta Sketchup.
En adelante espero meterme más a fondo en el estudio de los distintos materiales y en la forma de trabajarlos para poder hacer muebles más elaborados.

 

"He aprendido a entender los espacios, organizar el tiempo y afrontar un proyecto desde cero"

 

¿Cuáles son tus prioridades a la hora de diseñar espacios?

Trato de seguir los pasos que me han enseñado, es decir, anteponer el sentido común y el orden a mis instintos de lanzarme a diseñar algo que me venga a la mente en un primer momento, pero es difícil porque, cuando me plantean el espacio, empiezo a imaginar qué voy a hacer aquí o allí, y me lanzó sin paracaídas a por ello en vez de ordenar mi cabeza e ir paso a paso, de menos a más. En el segundo proyecto he tratado de moderarme y he aprovechado el tiempo de una manera más eficiente.

Antes has mencionado la libertad que te ha proporcionado el aprendizaje de Sketchup a la hora de crear. Sin duda, poder hacer presentaciones en 3D como las que has hecho en tu trabajo resulta muy atractivo. ¿Habías trabajado antes con programas de diseño en 3D?

Había trabajado con un programa de arquitectura llamado 3D Home Design. Mi madre es arquitecto y en el trabajo le dieron ese programa para facilitarle las cosas ya que por aquel entonces dibujaba todo a mano. Ella aprendió lo básico para hacer sus planos en 2D, pero yo me metí de lleno pese a ser muy pequeño y no tener ni idea de arquitectura, y aprendí casi a dominarlo. Hacía vistas en 3D de viviendas que me inventaba y creo que desde aquel momento volqué mi interés por el mundo de la arquitectura.

¿Y crees que cualquiera que no haya tenido esa experiencia previa puede aprender a manejar Sketchup?

Yo le he dedicado mucho tiempo al volcarme en el proyecto, pero no es difícil de manejar en absoluto. Tiene muy pocas herramientas, lo cual hace que conocerlas y saber manejarlas sea muy rápido y sencillo. Es verdad que, como a todo, hay que dedicarle tiempo para llegar a dominarlo, pero es un muy accesible y con unas posibilidades tremendas.

"Cada corrección que me han hecho me ha servido para aprender un poco más sobre lo que debo o no debo hacer en un futuro"

 

Háblanos un poco de tu trayectoria profesional y de por qué has decidido estudiar interiorismo.

Terminé la carrera de arquitectura técnica en la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de Madrid en febrero de 2013, es decir, el año pasado. Hasta entonces, había trabajado para sacarme un dinerillo haciendo un poco de todo, pero nada en el entorno de mi profesión. Ahora, gracias a Dios, tengo trabajo como tasador, pero lo que me encantaría realmente es poder dedicarme al interiorismo. Mi vocación primera era la arquitectura. Sin embargo, la nota de corte para estudiar en la universidad pública era demasiado alta para lo vago que yo era en mi etapa escolar por lo que me decidí por la arquitectura técnica, aunque nunca he perdido las ganas de crear espacios.

¿Qué te atrajo de IMADDE?

Mi novia, que fue la que lo encontró –dice mientras ríe. Me atrajo ver que era justo lo contrario a lo que viví en la carrera. Una clase con muy pocos alumnos donde prácticamente se puede considerar que recibes clases particulares. El trato es mucho más personal que en el caso de un máster con muchos alumnos y eso marcó la diferencia junto con el precio y las meriendas –vuelve a reír. ¡Eso de tomarte un café con un bollo mientras atiendes a las clases es genial!

Actualmente, estás abordando un nuevo proyecto enfocado a la parte más comercial del diseño de interiores y quizás la menos conocida por el aficionado a estos temas, ¿también para ti lo era?

Para mí era totalmente desconocida. Si bien es cierto que nunca me dejaba indiferente un restaurante o una tienda en condiciones, no era lo que estaba acostumbrado a esbozar en mi cabeza. Quiero decir, yo solía imaginarme cómo quedaría mi salón o el de un conocido haciéndole uno u otro cambio, pero eso no me pasaba al entrar en un local. He de reconocer que ahora sí que me pasa y no estoy seguro de que sea bueno –concluye entre risas.

¿Crees que cuando termines estarás preparado para trabajar como interiorista?

Creo que he aprendido una barbaridad, aunque también pienso que nunca dejaré de aprender a este respecto. El interiorismo está en constante evolución y cambio, tal y como van y vienen las modas, y en el Máster nos han dado las pautas para entender los espacios, saber cómo organizar nuestro tiempo y cómo afrontar un proyecto desde cero. Las prácticas que hemos hecho hasta ahora, al fin y al cabo, son trabajos que bien podrían ser reales y creo que los he sabido encarar bien gracias a lo que he aprendido y a que cada corrección que me han hecho me ha servido para aprender un poco más sobre lo que debo o no debo hacer en un futuro.
¿Si estoy o no preparado para trabajar como interiorista? Eso lo dejo en manos de las personas que me han enseñado todo lo que saben durante el Máster y son quienes deben evaluarme al final de este proceso.